En ese circo actuaba un viejo payaso que en otros tiempos había sido el motivo de alegría de miles de niños: Zampo. Ana Belén significó para el payaso Rey una alegría renovada difícil de perder, pero al sentirse solo su sonrisa desapareció con su vida.
Quizás tenga ese trasfondo, quizás no; pero la película es el reflejo de la auténtica vitalidad de algunas personas, de esa naturaleza que mueve su corazón: hacer feliz a los demás.
El problema viene cuando, al igual que Zampo, buscamos esa felicidad y no la encontramos. <<¿Dónde estás, Ana Belén?>>, repetía el payaso por toda Madrid. Buscamos esa forma de hacer felices a los demás. Y muchas veces la damos por perdida.
Pero Ana Belén está subida al trapecio del decaído circo. Vestida de blanco, espera a ese payaso alegre que por instantes es feliz y le hace feliz a ella también.
Por eso, muchas veces desearía ser como Zampo. Difundir felicidad y, mientras quede un solo niño que necesite sonreír, trabajar como payaso en el circo de los sueños y la ilusión.
---Un viejo y loco payaso--- 10/01/2008








